El texto que sigue nace de experiencias teológicas concretas, arraigadas en contextos de fractura, diálogo y esperanza, así como de un largo camino de investigación y confrontación interdisciplinar e interreligiosa. Es el resultado de un paciente trabajo en la encrucijada de la reflexión académica, el compromiso eclesial y los retos contemporáneos de la justicia, la violencia y la convivencia entre tradiciones.
Se ofrece en forma de manifiesto a todos aquellos que son sensibles a la cuestión de la misericordia y desean implicarse -a distintos niveles- en el proceso que pretende abrir. De acuerdo con la propia etimología del término manifiestoEl objetivo del manifiesto es hacer visibles ciertas intuiciones fundamentales, clarificar los conocimientos teóricos y formular directrices para desarrollar una teología de la misericordia.
Este texto no pretende ser exhaustivo ni exhaustivo. Al contrario, se presenta como un punto de partida: un espacio de comprensión y diálogo, ofrecido a las Iglesias, al mundo académico y a todos los implicados en el diálogo interreligioso y cultural. Pretende fomentar una reconfiguración del discurso teológico basada en la categoría de la misericordia, entendida no como un tema periférico, sino como un principio hermenéutico central capaz de renovar la antropología, la teología de las religiones y la comprensión de las relaciones humanas y divinas.
En este sentido, este manifiesto es deliberadamente abierto y dinámico, como el proceso que pretende alentar. Hace un llamamiento a la colaboración, a la pluralidad de voces y a la responsabilidad compartida. Porque proponer una teología de la misericordia implica un compromiso: ayudar a construir relaciones, abrir espacios de reconocimiento mutuo y promover prácticas de justicia y paz en contextos marcados por la fragmentación.
Por tanto, los teólogos tienen la responsabilidad de iniciar y acompañar un proceso de reflexión no sólo especulativo, sino también performativo: una teología capaz de generar vínculos, transformar imaginarios y participar, a su manera, en la construcción de un horizonte común en el que la misericordia se convierta en principio de convivencia y promesa de esperanza.
“La teología de la misericordia es una teología de la esperanza.
Sin duda, éste es el momento de que la Iglesia redescubra el sentido de la misión”.
(Papa Francisco)
En un mundo acosado por múltiples crisis -sociales, políticas, ecológicas, espirituales e incluso bélicas-, la misericordia no es una salida emocional, sino una fuerza transformadora. Es la respuesta de Dios a la miseria de la humanidad, y una llamada a todos los hombres para que humanicen su mirada, sus actos y su pensamiento. Es la única forma posible de vivir juntos en paz.
Este manifiesto pretende sentar las bases de una teología de la misericordia como teología de la esperanzahaciendo hincapié en su antropológica, interreligiosa y doctrinal.
A lo largo de los siglos, la misericordia -del latín avaro (miseria) y cor (corazón) – conserva su carácter subversivo. Perturba, trae, transforma. Al hacernos “cercanos” a los miserables, nos abre los ojos a la realidad tal como es, sin fingimientos ni mitos. La misericordia es, pues, una teología de ojos abiertos.
Une la justicia (tsedeqa, din) y el amor (rahamim, hesed) en una dinámica que compromete y transfigura a las personas, las relaciones y las comunidades. Restaura la igual dignidad, extiende la fraternidad y unifica a la humanidad.
Pero esto implica una lucha interior:
Ignorar el sufrimiento de los demás es fácil. Verlo de verdad es doloroso. Hasta que el rostro sufriente se convierte en una presencia viva para nosotros.
Es esta lucidez benevolente, este rechazo a mirar hacia otro lado, lo que constituye el fundamento de la verdadera espiritualidad. Por el contrario, la trivialización es una enfermedad mortal para las religiones.
“Tuve hambre y sed… me visteis y vinisteis a socorrerme”. (cf. Mt 25)
La misericordia sella un pacto con la Realidad. Hace creíbles la fe, las religiones y las instituciones. No exige una piedad pasiva, sino una solidaridad activa y estructurada ante tres formas de pobreza :
Educa mediante el testimonio e impide los excesos legalistas. Porque sin misericordia, la justicia se vuelve inhumana: summum ius, summa iniuria. El reconocimiento de la dignidad es el primer derecho, y la misericordia es la clave: la justicia restablece el derecho, la misericordia restablece la dignidad.
A través de un enfoque fenomenológico y hermenéuticopuede surgir una teología enraizada en la realidad, siempre que pensemos en la tensión entre justicia y misericordia, no para oponerlas, sino para hacerlas dialogar: la justicia se convierte en reparadora, la misericordia en correctiva.
La dialéctica entre justicia y misericordia no es exclusiva del cristianismo. Recorre tradiciones religiosas y sabiduría mundial. En sus propias lenguas, culturas y sistemas de interpretación, todos ellos ponen en práctica este fructífero diálogo al servicio de la dignidad humana y de la fraternidad.
Las tradiciones hebreas (hesed, rahamim), griegas (eleos, oiktirmos) y latina (misericordia) expresan una convergencia espiritual. La Vulgata acuñó para ello un término global, una síntesis de los atributos divinos.
El diálogo entre las tradiciones del mundo sobre la justicia y la misericordia se está convirtiendo en un criterio de criterio de discernimiento ante la historia y sus ambigüedades (cf. Discurso del Papa Francisco en Nápoles, 2019 ; Videomensaje a la Facultad de Teología de Palermo, 2024).
Por tanto, el diálogo interreligioso debe trabajar hacia un lenguaje polifónicocompuesto por narrativas distintas pero no antagónicas, para fundar una nueva koinè (espacio común) de palabra y acción a favor de la fraternidad humana.
Textos fundacionales como el Documento de Abu Dhabi y las reflexiones del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso muestran el camino hacia la convergencia al servicio de la paz.
“La misericordia no es sólo una actitud pastoral, sino la sustancia misma del Evangelio de Jesús”. (Papa Francisco, Carta a la Universidad de Buenos Aires, 2015)
La misericordia es un principio teológico, no un mero accesorio pastoral o devocional. Se convierte en el lugar mismo donde se revelan Dios y la realidad. Por eso es necesaria una reforma del pensamiento teológico:
Esta teología está llamada a vivir en las fronteras entre la fe y las culturas, entre el Evangelio y las necesidades de la gente, entre la esperanza y el conflicto. Implica un aprendizaje constante de la humanidad, en una dinámica de formación permanente ( aprendizaje permanente), la escucha y el discernimiento.
Exige una pedagogía del hacerse cercanoReclama una Iglesia abierta a los cuatro vientos, capaz de acompañar a los más vulnerables y de dejarse evangelizar por ellos.
La misericordia se convierte así en elhorizonte hermenéutico, el criterio de la realidady el corazón palpitante de toda la teología cristiana.
“Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que tiende puentes, que dialoga, siempre abierta a recibir, como este lugar, con los brazos abiertos. A todos, a todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, nuestro diálogo y nuestro amor”. (Papa León XIV, 7 de mayo de 2025)
Por eso pedimos a los teólogos, creyentes, investigadores, educadores y líderes religiosos que reconozcan y proclamen este hecho evidente:
Sin misericordia, no hay religión creíble.
Sin esperanza, no hay teología viva.
Sin la misión del diálogo, no hay Iglesia fiel a Cristo.
Editores :
P. BIANCHI Massimiliano, Doctor (Italia)
P. CHOCHOLSKI Patrice, Doctor (Francia)
P. DALLA DEA Paulo, Doctor (Brasil)
GUDAISKIENE Ingrida, Doctora (Lituania)
MARIN-I-TORNÉ Francesc-Xavier, Doctor (España)
P. SENE Jean-Marie, Doctor (Senegal)
P. SOMBORO Jean, Doctor (Malí)
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Textos fundamentales sobre la misericordia
“Dives in misericordia” – 1979
En su encíclica “Dios rico en misericordia”, el Papa Juan Pablo II invita a toda la Iglesia a redescubrir la misericordia de Dios, en particular utilizando términos hebreos ricos en profundidad y vivacidad.
Invita a los católicos a ser más conscientes de ello y a estar más motivados en todas sus misiones.
“Misericordiae Vultus” – 2015
Con su documento “El Rostro de la Misericordia”, el Papa Francisco introduce el Año Jubilar de la Misericordia, señalando su impacto sobre la paz en el mundo. Instituye Misioneros de la Misericordia para enviarlos por todo el mundo, a fin de que lleguen a ser signos de la ternura de la Iglesia hacia todo el pueblo de Dios e instrumentos de reconciliación para el mundo.
“Misericordia et misera” – 2016
Con este documento “Misericordia y Miseria”, el Papa Francisco concluye el Año Jubilar de la Misericordia con un fuerte impulso para el futuro. Domingos la Palabra de Dios (finales de enero) y de los Pobres (mediados de noviembre) serán hitos importantes en este proceso.
“Fratelli tutti” – 2020
En su encíclica “Fratelli tutti” (3 de octubre de 2020), el Papa Francisco nos invita a apoyarnos en la misericordia para hacer avanzar la fraternidad humana (cf. párrafos 56, 83, 227, 247, 254 y 285).
“Dilexit nos – 2024
Con su encíclica “Nos amó”, el Papa Francisco nos recuerda que el amor misericordioso ha tomado rostro en el mundo, y que es en una relación de corazón a corazón como se manifiesta en Cristo. En un mundo líquido, redescubrir el corazón de Dios y nuestro propio corazón vuelve a ser fundamental para vivir nuestra humanidad.
“Dilexi te – 2025
Con esta exhortación “Yo os he amado”, el Papa León XIV escribió la segunda parte de la encíclica de Francisco. Porque Él nos ha amado, estamos llamados a amar a nuestros contemporáneos, empezando por los más vulnerables. La Iglesia, que fomenta las obras sociales, es llevada a convertirse en signo del amor misericordioso del Señor.
Actualmente se están redactando otros manifiestos.
¡La respuesta!
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